Voy hablando sin palabras...

Poquito y nada, pero mucho para dar...

jueves, junio 29

Nunca me pregunté como sería si me dejaras, ni siquiera una vez cruzó tal pensamiento por mi mente... Hasta que lo hiciste.
Me ahorraste ese capítulo de mi vida: ahora no tengo que imaginarlo, ya que lo estoy viviendo, lo estoy sintiendo en carne y huesos. Y justo en ésta época del año en que el invierno llega y golpea nuestras puertas.
Mucha gente dice que el frío no hace mal a nadie, pero a mi sí. Me desveló muchas noches y muchas noches me congeló demasiado. Y cuando vos golpeaste a mi puerta era invierno, te dejé entrar y llenaste mi vida de calor. Ya no me desvelaba a causa del frío, en esos momentos eran tu amor y tu calor los motivos por los cuales no deseaba dormir.
Pero como llegaste, te fuiste. Y no esperaste a que terminara el invierno. Ahora que vos no estás para abrazarme, me da miedo irme a dormir, temo no despertarme nunca más a causa del frío intenso que se acuesta conmigo en mi cama. Se mete tan adentro mío que me hela hasta el alma. A veces pareciera que el frío tomara forma y me acompañara a todas partes, y a traves de mis dedos dejara sin vida todo lo que voy tocando.
Todos sabemos que los días de invierno son cortos de luz pero que en ellos abunda la oscuridad. Oscuridad que me desvorda de recuerdos, que me cuelgua por todos lados envolviendo pedazos de mi corazón, que quiere tragarme sin dejarme volver jamás. Y yo lucho, voy a seguir luchando; no voy a permitir que me trague, no voy a permitir que me lleve. Porque si es cierto que una vez viniste y me llenaste el alma de calor, y que otra vez te fuiste y te llevaste una parte de eso, también es cierto que algo de ese calor todavía poseo. Y va a ser ese poquito el que me salve, porque de poco va a pasar a ser mucho, porque yo lo voy a alimentar y hacer que crezca, porque yo lo voy a usar para que me de fuerzas.